Quédate conmigo para siempre

ES UN ARTÍCULO DE CARLOS GIL PARA EL COLODRILLO LEÍDO POR UNA VOZ SINTÉTICA.

2 de octubre, celebración de los Ángeles Custodios

Carlos Gil

El buen samaritano levanta al hombre herido para subirlo a su cabalgadura, en una pintura de Vincent van Gogh.
Vincent van Gogh, El buen samaritano (según Delacroix), 1890. Óleo sobre lienzo. Museo Kröller-Müller, Otterlo, Países Bajos. Imagen: Wikimedia Commons / Google Art Project. Dominio público.

Esto fue el primer día de clases del primer grado, y me acuerdo como ahora. Había que llevar una libreta y un lápiz. Yo llevé la libreta. A duras penas. El lápiz se me olvidó.

La paga del pecado es la muerte y, en aquel caso, un correazo. Mrs. Correa (para colmo) se acercaba atemorizantemente por la fila de pupitres, verificando que tuviéramos aquellos básicos implementos de escritura. Al que no los tuviera, se le daba un buen reglazo en la mano; más que reglazo, un yardazo, pues Mrs. Correa andaba con una yarda más ancha que la regla común y, para colmo, con un remate de hierro al final.

De vez en cuando se podían oír por lo bajo los sollozos posteriores al golpe seco del contacto del instrumento con ls manita de los pequeños delincuentes. No tantos: tres o cuatro hasta llegar a donde yo estaba.

El caso es que, a medida que se acercaba a mi pupitre —doscientas libras magras de carne, huesos y tendones, cinturón ancho de cuero negro, pechos turgentes en apretado corsé, y moño recogido en lo alto de la cabeza, como un Cristo del Pan de Azúcar, divisable en el otro extremo del patio central, austera y severa, carencia total de maquillaje—, está mujer en sus buenos 50’, fruto de la educación puritana de la mejor y más pura estirpe calvinista,  era un terror que me invadía cada vez más, y más, y más. Hasta el punto de que comencé a sollozar en anticipación dolorosa de lo que me venía encima. Frente a mí, una niñita de mi misma edad, cinco o seis años, se dio cuenta y partió en dos el único lápiz que tenía, le sacó punta a uno de los cabos y me lo dio muy discretamente, bajando el brazo por el lateral del pupitre.

Mrs. Correa no se dio cuenta y pasó por mi lado, vio que había cumplido con las exigencias del mandato y siguió adelante. Para colmo, la niña, que nunca se me olvidará, se llamaba Genoveva y me había dado la parte que tenía la goma en uno de sus extremos.

Grabado del buen samaritano levantando al viajero herido para colocarlo sobre su asno.
Anónimo, según Heinrich Aldegrever, El buen samaritano subiendo al viajero a su asno, posterior a 1554. Grabado. The Metropolitan Museum of Art, Harris Brisbane Dick Fund, 1917; inv. 17.3.1381. Dominio público. Fuente de la imagen.

Hará casi setenta años de esta experiencia de cinco o diez minutos, suficiente para que jamás en la vida la olvidara, pero, además, para que empezara a creer desde ese momento en la existencia de los ángeles. Hoy, 2 de octubre, que celebramos a los ángeles custodios, quería hacerle un pequeño homenaje a aquel ángel mío, Genoveva, en cuyo corazoncito ya latía la vocación de la santidad.

«Hará casi setenta años de esta experiencia de cinco o diez minutos, suficiente para que jamás en la vida la olvidara»

Nos hicimos muy amigos a partir de entonces, y yo me convertí, gordito y husky como yo era, en su protector frente a dos o tres bambalanes, fieles practicantes del bullying en un mundo que todavía se consideraba esta horrible práctica como parte de la lucha natural entre las especies.

—¡Mrs., Mrs., ese nene me dio un puño y me tiró al piso!

—¿Y usted no tenía brazos y puños para soplarle para atrás? La próxima ya sabe lo que tiene que hacer. ¡Ay, estos muchachitos de hoy! Se quejan de todo.

Después de aquel primer año en primer grado, Genoveva desapareció, aunque yo sabía que su papá tenía un puesto de misceláneas en la plaza del mercado de Bayamón, justo detrás de mi casa, en el Cantón.

El buen samaritano conduce la cabalgadura que lleva al herido hacia Jericó, en un grabado de Gustave Doré.
Gustave Doré, El buen samaritano. Grabado en madera de A. Ligny, ilustración bíblica. Pitts Theology Library, Emory University. Dominio público. Fuente de la imagen.

Pienso que estas experiencias sobrenaturales muchas veces quedan opacadas por las malas pasadas, las traiciones o cualquier otra suerte de desatinos que nos pasen en la vida. Esas tonterías desagradables a veces persisten más en nuestra memoria que otras experiencias, que se esconden en lo más profundo de nuestro colodrillo.

Oiga, porque, si bien se piensa, las experiencias con nuestros ángeles son muchas, muchísimo mayores y más abundantes que estas otras zanganerías que de vez en cuando nos agrian un poquitín la existencia. Insistimos, sin embargo, como le digo, en olvidar las buenas y recordar las malas.

«Insistimos, sin embargo, como le digo, en olvidar las buenas y recordar las malas.»

Hay algo que debo corregir si es que de verdad vamos a hablar sinceramente, como debe ser, y es que no es del todo cierto referirse a nuestras buenas experiencias como cosas del pasado, objeto de la memoria. No. La proclividad a la santidad, la belleza, la pureza, la alegría, el olor del perfume de nardos está siempre con nosotros, porque siempre con nosotros está nuestro ángel guardián, aunque no lo queramos reconocer, aunque no le creamos, aunque pensemos que son supersticiones infantiles. A pesar de todo eso, nuestro ángel guardián está con nosotros, está atento a nuestra conversación y se pasa trabajando en nuestro pro.

Por ejemplo, no han sido pocas las veces en que le he pedido a mi ángel guardián que vaya a hablar con el ángel guardián de alguien a quien debo pedirle un favor, para que se me adelante. No han sido pocas las veces en que he insistido con mi ángel guardián en que me indique el camino, que me haga vivir el consejo del Espíritu Santo y me dé la fuerza, la valentía, la entereza y la gracia de aceptar y actuar conforme al mismo.

¡Cuántas veces, ángel guardián, angelito guardián, como me enseñaste a llamarte cariñosamente, te adelantas incluso a mis peticiones y me provees la solución! ¡Cuántas veces lloras, yo lo sé, por ver el padecimiento que, en cierto momento de la vida, es precisamente lo que necesita mi alma, y tú lo sabes,  sin que puedas intervenir! ¡Cuántas veces, precisamente en esos momentos, me das el consuelo de la paciencia, me dices que sea paciente de múltiples maneras, incluso me enseñas la forma de entenderte!

En momentos así, me acuerdo del bracito moreno con un pedacito de lápiz en la mano, moviéndose discretamente por el lateral del pupitre para darme la mejor parte con la punta de goma. Y entonces me preguntó: ¿dónde, dónde estarás, mi querida Genoveva de mi infancia? Y entonces me doy cuenta de que  tu y yo fuimos como Tobías y su ángel, y con siete u ocho minutos de tu vida, dedicados a mí y a mi bienestar, hiciste que no te olvidara y te recordara en toda mi existencia.

Desde aquí te bendigo, dondequiera que estés, y, si me lo permitieras, quiero volver a ti para pedirte que te quedes conmigo para siempre, querida amiga, querido angelito de mi vida.

«Desde aquí te bendigo, dondequiera que estés, y, si me lo permitieras, quiero volver a ti para pedirte que te quedes conmigo para siempre, querida amiga, querido angelito de mi vida.»

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6 respuestas a «Quédate conmigo para siempre»

  1. Avatar de gracefullyghostlyb2dec3f43c
    gracefullyghostlyb2dec3f43c

    Siempre he creido en mi Ángel y me gustaría algún dia poder conversar con el.

    1. Avatar de Carlos Gil

      Hola estimado lector. No te preocupes, él te habla constantemente y te dirige. Hay que pedir escucharlo; lo que ocurre es que nos habla a través de otros, en los animales que tenemos en la casa, en los gestos de las creaturas y hasta en los elementos de la naturaleza. Lo sabemos cuando le hablamos y le pedimos una respuesta, entonces él nos la da y si es él nos daremos cuenta. Entonces hay que dar gracias.

  2. Avatar de deepclearly31acf6fd26
    deepclearly31acf6fd26

    Excelente.Repasé mi niñez.Debe leerse en la escuela.Gracias.

    1. Avatar de Carlos Gil

      Querido lector. Quizá no con estos mismos elementos, pero esta es una experiencia que de una manera u otra hemos tenido todos mediante las palabras o la ayuda de algún compañero o compañera. Nuestras preocupaciones y afanes diarios nos hacen olvidarlas. Pero si hacemos memoria de lo bueno, no de lo malo, sino que profundizamos y repasamos nuestra historia escolar, empezarán a aflorar esa situaciones: un día en que alguien compartió contigo su merienda, un día en que te prestaron una libreta para hacer una asignación, un día en que alguien te excusó y dijo que no había sido tú el que hizo tal pequeña maldad, etc., etc. etc. son pequeñísimos gestos en apariencia, pero en realidad es la presencia de los ángeles guardianes que se comienzan a manifestar desde nuestra infancia. Y se siguen manifestando. Cuando nos demos cuenta de su presencia demos gracias por ello, hablémosle a nuestro ángel guardián, como se le habla a un papá o a un amigo, pidámosle sin miedo lo que sea, por ejemplo que nos aconseje sobre si debemos hacer un viaje, si debemos comprar ese carro, que sea adelante a alguien y hablé a su corazón antes de qué lleguemos nosotros a pedir el favor. Pero decírselo con palabras comunes, si muchos rebuscamiento, como si fuera un amigo, mejor dicho, el mejor de los amigos.

      1. Avatar de Julia Gil Ayala
        Julia Gil Ayala

        Hola Carlos Gil. Sí, que maravilla sentir que no estamos solos, que tenemos ese ángel que nos acompañe todo el tiempo. Es sentir que nos dirige a tomar las mejores decisiones. Pero sobre todo agradecer y tomar acciones virtuosas y compasivas en pro del bienestar de todos los seres. Me siento en Paz y armonía cuando sigo las recomendaciones de mi Angelito porque siento que lo que hago está apoyado en él. Gracias Angel de la Guarda, convencida de que estás conmigo.
        Gracias Amado Hermano

  3. Avatar de delicaterunaway6f972bf176
    delicaterunaway6f972bf176

    A veces siento que mi ángel o ángeles se personifican en personas cercanas o no a mi. Y los he podido identificar a través de los años. Gracias por ese escrito tan hermoso y poético, pero tan real.

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